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Vídeo para la reflexión… por q todo lo q hacemos de una forma u otra deja huellas

Aprende de tus errores

En ocasiones -por no decir siempre- aprender de los errores que cometemos es la única manera de aprender, o al menos la más rápida.

Una de las claves de la autosuperación y del éxito es no tener miedo a equivocarse. Si queremos progresar, tarde o temprano nos equivocaremos, es algo inevitable. De hecho, equivocarse debe verse como algo positivo.

Aprende de tus errores

Un error nos da mucho más de lo que nos podría dar el hecho de no equivocarnos nunca. Es realmente difícil si no imposible progresar sin equivocarse, pues gracias a cometer errores aprendemos cómo debemos hacer las cosas correctamente. Nos empeñamos en ver los errores como algo tremendamente negativo y decimos “Lo siento, cometí un error…”. ¿Cómo que lo siento? Tampoco se trata de alegrarse al hacer algo mal, pero sí de tomar una actitud indiferente emocionalmente hablando: “Vale, he cometido un error, ¿y qué?”.

Tan importante es aceptar y ver los errores como no crear una montaña de ellos. Los errores son generalmente algo que ya hemos hecho y que ya no tiene solución, por ello hay que tomar una actitud positiva y mirar hacia adelante, centrándonos en todo lo positivo que obtenemos.

Pongamos un ejemplo:

– Cuando empiezas en boxeo, tu entrenador te dice: “¡Mantén la guardia alta!”. Pero tú la bajas y te llevas un puñetazo. Piensas: “¡Ups! ¡la guardia arriba!”, pero unos segundos después te vuelves a llevar otro. La vuelves a subir, pero más tarde te llevas otro de nuevo. Y otro. Y otro más. Y en la actitud a tomar aquí es donde encontramos la diferencia entre la gente que tiene éxito y la que no, pues tenemos dos opciones:

1. Frustrarnos, derrumbarnos, pensar que no valemos. Centrarnos en lo negativo, pensando que estamos cometiendo continuamente el mismo error y que no valemos para esto.

2. Ser cabezones. Seguir insistiendo y concentrarnos en subir esa guardia y pensar continuamente: “¡Conseguiré mantener la guardia arriba y no me llevaré ese puñetazo!”. Para aprender a evitar puñetazos, hay que llevarse muchos. Es una especie de fe ciega.

El primero es probable que se rinda, pero el segundo, después de llevarse 20, 30 o los puñetazos que sean, dejará de llevárselos. Es la mentalidad que hay que conseguir para obtener éxito. Hay que ser capaz de sentirse continuamente en el segundo caso, sin necesidad si quiera de tener que pensarlo.

Aunque las consecuencias inmediatas de cometer un error puedan ser negativas, a la larga serán en realidad positivas. ¡Los errores son buenos!

En la seducción sucede lo mismo: Si quieres aprender a entrar a chicas, tendrás que entrar a muchas que te respondan mal, es la mejor manera de aprender. Lo mejor es tomárselo con diversión y filosofía.

Así que recuerda: Cometer errores es humano, y sus consecuencias al final acabarán siendo positivas.

Tomado de: http://interaccionsocial.com/seduccion/aprende-de-tus-errores/

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Bienvenido(a) a El Centro Educativo Paulo Freire – CEPAF, sugiérenos y compártenos para seguir creciendo.

Fábula de un niño con la mirada azul Parte IV

Entonces, prácticamente desde el día de la desaparición, a nosotros nos tocó comenzar a buscarlo por nuestros propios medios. Fuimos a casas de albergue, a hospitales, a clínicas; fuimos al INPEC…porque no podíamos descartar que estuviera preso por algo…Que alguien le hubiera dicho “oiga, lleve este paquete” o algo así, y de pronto se hubiera metido en algún problema, o que lo hubieran cogido por error…Pero nada, no aparecía por ninguna parte. Yo me sentía desesperada porque él era una persona que no se podía defender, y yo tenía miedo de que alguien se aprovechara de la inocencia de él, que abusaran de él, en toda la extensión de esa palabra…Yo me estaba muriendo de los nervios…(vi**)

Nosotros tampoco descartábamos la idea de que hubiera sufrido un accidente, de que hubiera perdido la memoria, de que alguien abusivamente le hubiera dado drogas, escopolamina o algo así. Entonces tomamos la idea de salirnos de aquí de Soacha y empezar a buscarlo en Bogotá. Lo más terrible fue que a partir de Marzo varias personas, supuestamente, comenzaron a verlo en todas partes y ahí mismo nosotros nos íbamos a ese sitio a preguntar por él. De todas maneras yo, en mi corazón de madre, sentía que algo no encajaba ahí.

Más adelante nos tocó empezar a buscarlo entre las personas indigentes de la calle, con muchos riesgos, porque hubo demasiada gente que se ponía muy agresiva cuando les preguntábamos por él. Entonces uno tenía que llevar suficiente dinero, o comida, o cosas para darles, o una moneda. Mi hijo John Smith se metía por allá en esos “cartuchos” de Bogotá, en “ollas” donde vendían drogas, pero no encontró nada.

Yo empecé a ir a Medicina Legal cada 8 días, para ver si aparecía dentro de los cadáveres. Y cada vez que yo salía de allá, le daba Gracias a Dios porque sabía, o quería saber, que él todavía estaba vivo. Yo no quería tener ningún pensamiento negativo en mi mente.

Esa situación era desesperante. Nos descontroló a todos, a toda la familia. Yo todas las noches me acostaba y pensaba que yo estaba bajo un techo, pero que mi hijo quién sabe en qué condiciones estaría durmiendo. Mi esposo me regañaba, porque yo ya no paraba en la casa; salía temprano y volvía a las 12 de la noche, 1 de la mañana, todo el día buscando a mi hijo; entonces mi esposo se enojaba, me decía que no me matara tanto, que yo no tenía calma ni para dormir… ¿Pero cómo iba a tener calma?…Mis hijos me apoyaron mucho, todos pendientes de encontrarlo. Pusimos la foto de él en RCN, hicimos de todo.

Ya yo me di cuenta de que la denuncia por la desaparición de él también se podía poner en Bogotá, entonces fui a la Seccional Cundinamarca del CTI, y allá me pidieron 15 fotos, supuestamente para distribuirlas a nivel nacional; pero eso ya fue muy tarde, el 8 de septiembre del 2008.

Fueron ocho meses de incertidumbre, de desesperación.

Ya no crecerá

El 16 de Septiembre, a las 11 de la mañana, me llamó la doctora Diana Ramírez, de Medicina legal de Bogotá, y dijo: “Doña Luz Marina, yo quisiera que usted viniera hasta aquí”. Cuando ella me dijo eso, le digo que en ese momento yo solo quería desaparecerme. A mí las piernas me temblaban, mi cabeza me daba un sinfín de vueltas; me imaginaba tantas cosas…Tenía muchos sentimientos encontrados…Cuando ella me dijo “necesito que venga”, yo dije “acá terminó la búsqueda”(vii**).

Yo estaba con mi hija mayor, pero ella no podía ir a acompañarme porque tenía que ir a recoger a la niña en el colegio, entonces me dijo, “mamita ¿cómo hago para acompañarla?”; le dije “No mija, vaya y recoge la niña, y yo mientras tanto voy a Medicina Legal, a ver para qué me necesitan”. Me fui sola, cogí un colectivo que decía “Palermo”, pero le cuento ese trayecto fue para mí una eternidad…fue la segunda vez que el tiempo para mí se volvió una eternidad. La primera vez fue cuando la doctora me dijo que a mi hijo le quedaban minutos de vida, y esos 20 minutos fueron una vida entera…Mientras caminaba hasta Medicina Legal, como que no caminaba en el piso, como que yo iba por el aire, no sé…es algo inexplicable…

Al fin llegué, llamaron a la doctora y me hicieron seguir al tercer piso. Allá una de las doctoras me preguntó que a quién era que yo estaba buscando. Yo le conté. Cuando de pronto fue que miré a la mesa de ella y había una hoja de oficio… ¡Huy Dios Mío!…con una lista de nombres completa. Y el primero que encabezaba la lista era mi hijo. Me pidieron el número de la cédula de él, el nombre completo. Me dijo, “Bueno, doña Luz Marina, yo le voy a mostrar algo…Espero que usted esté calmada, que usted analice muy bien lo que va a ver y me conteste lo que yo le pregunte”. Entonces me acercó una silla al computador de ella y puso los datos…Cuando se abrió esa foto…Esa foto yo la vi…O sea, yo creo que fue la pesadilla más grande de mi vida…Era mi hijo…Trataron de mostrarme una foto en la que no se veía mucho el rostro destrozado de él…A él le metieron un tiro por la nuca y le destrozaron media mandíbula…Se veía que le faltaba medio rostro…Yo miraba la foto y no podía creerlo…Yo le pregunté:

– ¿Cuándo falleció mi hijo?

– Él murió el 12 de enero -me contestó ella.

– ¿Y puedo saber dónde se encuentra mi hijo? Quiero recuperar el cadáver de él.

– Su hijo se encuentra en Ocaña, Norte de Santander.

– ¿Y a dónde queda eso? Yo soy colombiana, pero yo ignoro dónde queda eso…-Ella me explicó-. Bueno, ¿y cómo murió?

– Doña Luz Marina, yo es muy poco lo que tengo que decirle…pero en Ocaña, en el momento en que usted vaya a recoger el cadáver de su hijo, le van a explicar todo lo que pasó.

La doctora me leyó la lista que tenía ahí para ver si yo conocía a alguien, o a algún familiar de esas personas. Eran como 30 nombres, pero yo no conocía a ninguno.

( * ) Esta crónica es realmente impresionante y la cuenta la mamá de uno de los muchachos asesinados como “falsos positivos”, los jóvenes aquellos del municipio de Soacha, Cundinamarca (Colombia), a quienes mataron con el argumento de que eran guerrilleros y que el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, tratando de distorsionar el hecho, aseguró que a quienes habían asesinados “eran delincuentes comunes”…

Esta crónica ganó el Premio de la Revista Semana 2011.

Lección de Motivación

Excelente animación donde “nuestros amigos del espacio exterior” nos enseñan una lección de motivación.

Cuando alguien evoluciona también evoluciona todo a su alrededor.
Cuando tratamos de ser mejores de lo que somos, todo a nuestro alrededor también se vuelve mejor.
Eres libre de elegir, para tomar decisiones, aunque solo tu las entiendas, toma tus decisiones con coraje, desprendimiento y a veces con una cierta dosis de locura.
Solo entenderemos la vida y el universo cuando no buscamos explicaciones.
Entonces todo queda claro.
Aprender algo significa entrar en contacto con un mundo desconocido, en donde las cosas más simples son las mas extraordinarias.
Atrévete a cambiar
Desafíate
No temas a los retos.
Insiste una y otra y otra vez.
Recuerda que sin fe se puede perder una batalla que ya parecía ganada.
No te des por vencido.
Acuérdate de saber siempre lo que quieres y empieza de nuevo.
El secreto esta en no tener miedo de equivocarnos y de saber que es necesario ser humilde para aprender.
Ten paciencia para encontrar el momento exacto y congratúlate de tus logros.
Y si esto no fuera suficiente, analiza las causas e inténtalo con más fuerza.
El mundo esta en manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y de correr el riesgo de vivir sus sueños.

Fábula de un niño con la mirada azul parte III

Por: Zenaida Edith Sánchez

Un niño grande

Fair Leonardo aprendió a trabajar como ayudante de construcción. Se lo llevaban para que ayudara a tumbar un muro, o mezclar cemento o alcanzar las cosas…También ayudaba a hacer trasteos…Pero en sí, la única vez que trabajó así, estando en nómina y todo, fue cuando empezaron las pavimentaciones de Compartir y a él lo contrataron para romper las calles y todo eso. Es que él era grande, medía 1,75 y tenía bastante fuerza, era muy resistente para el trabajo. Y a él no le importaba si le pagaban o no, porque a él no le interesaba el dinero y tampoco sabía distinguir la denominación de los billetes, el valor de cada billete. Incluso un señor Luis con el que trabajó, se lo llevaba a mezclar cemento los días completos, y ese señor nunca le pagaba; y yo le decía al “Gringo”: “Pero papito, ¿no ve que su trabajo vale?”, pero él contestaba: “Ay mami, la idea es que uno se quede aburrido por ahí”.

Él era una persona muy colaboradora, le gustaba que todo el mundo lo tuviera presente. Era muy activo, le gustaba ser útil. Una vez estuvimos en el barrio Compartir sin agua, por unos racionamientos que hacían; y yo no me explico cómo, pero él madrugaba y se iba yo no sé para dónde y por aquí llegaba con agua para suplir a todo el mundo. Yo no sé cómo hacía…Lo cierto es que mucha gente llegaba a la casa a preguntarlo para que les hiciera trabajos, que romper un muro, que sacar unos escombros, todas esas cosas. Y a él también le gustaban mucho las manualidades. Aprendió macramé para hacer pulseras, así con la bandera de Colombia. No sé de dónde sacaba el hilo, pero las hacía.

Lo que sí era como su gran ideal era aprender a leer y a escribir. Un día me dijo:

– Mami, esas niñas de allá me molestan… Me dicen que “Gringo”, que si quiere ser mi novio… que cuando me invita a bailar…

– Bueno, ¿y no le gusta ninguna de ellas? -le pregunté yo.

– Pues sí, están muy bonitas…¿pero qué?…

– Papi, lo que tiene que hacer es aprender a leer y a escribir y así les escribe unas cartas bien bonitas a ellas.

– No, mami, es que por más que yo trato de aprender, no se me queda nada.

– No, papi, que no sea tanto el afán. Despacito, despacito y así lo va logrando…

Entonces en el 2007 él escuchó que había un programa de Cafam en los colegios públicos, para las personas que quisieran aprender a leer y a escribir, y él se matriculó. Allá le ponían planas, vea que yo tengo una agenda donde él tiene esas planas, que “ma-me-mi-mu” y todas esas cosas. Y le cuento que él hacía despacito, muy despacio, pero si él hubiera llegado a escribir, habría tenido una letra muy linda. Zurdo y todo, pero estaba aprendiendo (iv)**.

Él era una persona muy inocente, no distinguía el bien del mal; si usted le ponía aquí a una persona que robaba, y aquí a otra persona que consumía drogas y enseguida a otro que obraba bien, él los trataba a todos por igual. Para él, todo el mundo era su amigo, a todo el mundo le decía “usted es mi amigo”. Demasiado inocente. En el último cumpleaños, cuando cumplió 26, él me dijo: “Mami, hay unas muchachas que quieren celebrarme los cumpleaños, ¿será que usted me da permiso?”. Y yo le dije “Claro, papi”. Y luego él me dice que dizque: “Es que ellas dijeron que me querían partir el bizcocho”, y luego soltó la risa y se tapó la cara. Yo también me reí y le dije “Venga pues lo afeito”, porque él no sabía afeitarse, se cortaba mucho. Él tenía un cuerpo de adulto, normal, pero su mente era la de un niño de 9 años; el médico le dictaminó un 53% de discapacidad.

La relación de él conmigo era muy especial. Era muy cariñoso, siempre me decía “Madrecita, yo la amo mucho”. Siempre me llevaba una rosa roja, o una rosa amarilla…le encantaban las rosas; o cuando estaba trabajando me llamaba y me decía “Mami, ¿ya almorzó?”. Y si yo le decía “No señor”, entonces él me llegaba con medio pollo, con algo así; él era muy detallista para todas las ocasiones. Cuando tenía plata, le pedían y él extendía los billetes y decía “Cojan”, a él no le importaba qué billete cogieran. Todas las noches llevaba una bolsa de leche, el pan para el desayuno y las onces de mi nieta, de Daniela, que él la adoraba; entonces le llevaba un paquetico de papas y un yogurt para las onces. Era muy buen hijo, no molestaba por la comida, lo único que no le gustaba era la sopa; de resto, comía de todo, pero eso sí, su platillo favorito era la pasta y los fríjoles, le fascinaban demasiado.

Otra cosa es que Fair Leonardo pertenecía a una iglesia cristiana, y creo que fue con ellos que él comenzó un trabajo de ir a la cárcel El Buen Pastor todos los sábados, a llevar el Nuevo Testamento y pequeños regalos, mensajes para darles ánimo, fuerza, valor a esas mujeres. Los viernes, “Gringo” compraba unas tarjeticas y unas flores artificiales, y le pedía el favor a las hermanas de que le escribieran algún mensaje bonito; al otro día les llevaba eso a las reclusas…Yo creo que una de esas muchachas estaba como enamorada de él, porque le escribía unas cartas demasiado lindas y decía que cuando saliera lo iba a buscar. Mire, lo de ese trabajo en la cárcel yo no se lo he comentado a nadie, hasta ahora que se lo digo a usted. Y no había mencionado nada de eso porque no falta el que diga “¡Claro! ¡Si se la pasaba en El Buen Pastor, quién sabe qué clase de contactos tenía allá!” (v)**.

El niño sin sombra

El ocho de Enero del 2008 salí yo a las seis de la mañana con mi esposo, a sacar la cédula y el pasado judicial de Fair Leonardo. Él se quedó con el hermano mayor, ambos durmiendo. John Smith dice que a las 12 del día “Gringo” recibió una llamada en el celular y entonces se levantó, se bañó y se vistió. Luego se sentó a comer. Entonces John Smith le dijo que lo acompañara a trabajar, pero Leonardo le contestó: “Es que yo tengo que ir a donde un patrón a que me dé una plata”. Para él toda persona con la que hacía un trabajo era un patrón. Luego, ellos salieron juntos de la casa a la 1:30 de la tarde, y en la esquina se despidieron. Yo llegué como a las 3:30 y no había nadie. Cuando ya eran las 9 ó 10 de la noche me extrañó que Leonardo no llegara, pero yo pensé que estaba con el hermano. John llegó como a la una de la mañana y yo le dije: “Papi, ¿dónde está Leonardo?”. Me dijo: “Mamita, la verdad no sé , yo sólo sé que él iba para donde un patrón; pero tranquila mami, seguro él se fue luego para donde mi tío Luis”. Bueno, esa noche pasó así. Al día siguiente, muy a las ocho de la mañana empecé a llamar a todo lado, a mi familia, a los sitios que más o menos él frecuentaba. Yo ya estaba preocupada porque él nunca se perdía así, él avisaba, me decía para dónde se iba. Lo cierto es que yo me comuniqué con todo el mundo, y todos me dijeron que no, que no lo habían visto, que no sabían nada de él.

Esa mañana la pasé esperando a que él llegara, pero ya a las 12 del día estaba muy angustiada porque nada y nada…Como a las 5 de la tarde fuimos a la inspección de policía, pero allá nos dijeron que no nos podían recibir un reporte de esos hasta que no pasaran 72 horas. Nosotros seguimos llamando a todas partes y nos fuimos con mi hija Dolly a preguntar en la calle, en los paraderos, en sitios donde él solía ir. Nadie daba razón. El día 10 de enero también estuvimos preguntando por todas partes, y nada. Cuando pasaron las 72 horas fuimos a poner el denuncio en la Fiscalía de Soacha, pero otra vez no nos lo quisieron recibir; nos dijeron que eso era una pérdida de tiempo, que seguro él estaba por ahí donde los amigos. Pasado un mes, volvimos a tratar de poner el denuncio, pero tampoco; dijeron que “Eso él debe estar con la novia pasando muy bueno; deje así, que eso en cualquier momento aparece”. Y ahí fue cuando agotamos las esperanzas de encontrarlo con la ayuda de la fiscalía de Soacha.

( * ) Esta crónica les va a hacer doler el alma, porque cuenta lo sucedido con los “falsos positivos”, los muchachos aquellos del municipio de Soacha, Cundinamarca (Colombia) que fueron asesinados con al argumentos de que eran guerrilleros y que el señor Álvaro Uribe Vélez, tratando de distorsionar el hecho, aseguró que a quienes habían asesinado “eran delincuentes comunes”…

Pero aún más importante, esta crónica ganó el Premio de la Revista Semana 2011.

( ** ) Al final de toda la crónica aparecerán las explicaciones de las citas.